La auditoría y el control interno son dos pilares que sostienen la credibilidad de la información contable. Explicamos sus objetivos, tipos y componentes principales.
La auditoría es el examen independiente de los estados financieros de una entidad, realizado con el objetivo de emitir una opinión sobre si estos reflejan razonablemente su situación patrimonial y económica, de acuerdo con el marco contable aplicable. En Argentina, la auditoría externa de estados financieros se rige por la Resolución Técnica N.º 37 de la FACPCE, que adoptó las Normas Internacionales de Auditoría (NIA).
Es realizada por un contador público independiente, ajeno a la organización, y culmina en un informe con una opinión sobre los estados financieros: favorable, con salvedades, adversa o abstención de opinión.
Es una función permanente dentro de la organización, orientada a evaluar la eficacia de los controles, la gestión de riesgos y el cumplimiento de políticas internas, más allá de la revisión puntual de los estados financieros.
Evalúa la eficiencia y eficacia de los procesos y recursos de una organización, sin limitarse a los aspectos estrictamente contables.
El marco de referencia más utilizado a nivel internacional para el diseño y evaluación del control interno es el desarrollado por el Committee of Sponsoring Organizations (COSO), que identifica cinco componentes interrelacionados:
Un sistema de control interno débil incrementa el riesgo de errores o irregularidades en los registros contables, lo que puede afectar la confiabilidad de los estados financieros utilizados en cualquier análisis. Por eso, revisar la opinión del auditor y las notas relacionadas con el sistema de control interno es un paso recomendable antes de interpretar cualquier balance.